No deben castigar a los buenos

No deben castigar a los buenos

Una estudiante de la escuela de policías de La Unión, por denunciar acoso sexual de un superior hace unos días, corre el riesgo de ser retirada de dicha escuela.

Hace dos días, una policía de Tránsito puso en evidencia una vieja y perniciosa costumbre peruana: el tráfico de influencias, al intervenir a una conductora cometiendo una infracción, quien llama al capitán Kelvin para que “la salve” y ponga en su sitio a la policía que está haciendo su trabajo, y como esta no acepta a responder al supuesto capitán, la amenaza.

Ambos casos tienen algo en común: que las denunciantes, por hacer su trabajo, por ser honestas y responsables al no dejarse coaccionar, coimear o influenciar, podrían ser castigadas. Es decir, se está gestando un ambiente de corrupción donde los honestos o probos están en serio riesgo.

Proética, en una encuesta nacional, indica que el 71% de peruanos cree que la corrupción es el principal problema del país. No se equivocan, pero a eso habría que agregar el espíritu de cuerpo o protección que las propias instituciones hacen de sus integrantes cada vez que son pillados en falta. Y como siempre, los buenos pagan las consecuencias.


Escrito por: José Neyra Moncada
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José Neyra Moncada

José Neyra Moncada

Director de El Tiempo.