Que la lucha contra la corrupción no nos destruya

Que la lucha contra la corrupción no nos destruya

Si con base en la presunción de inocencia, la prisión preventiva debe ser la excepción, entonces solo podrá ser dictada si se cumple con una intensa carga argumentativa. Pienso que la justificación del mandato de prisión preventiva contra Keiko Fujimori abunda en argumentos pero escasea en corrección, lo que permite dudar seriamente de su validez material. La incorrección está presente tanto en la argumentación de hechos como en la de derecho.

En referencia a la argumentación de hechos, si bien la prisión preventiva es una medida cautelar y no una sentencia condenatoria, se requiere, según el Tribunal Constitucional, de “consolidación probatoria”. Sin embargo, en este caso, las pruebas provienen, principalmente, de declaraciones de testigos protegidos y de pruebas trasladadas desde otros casos. Las primeras son declaraciones no corroboradas y tampoco han sido objeto de interrogatorio por parte de la defensa. Y las segundas se han generado sin respetar las reglas procesales de traslado de la prueba.

En referencia a la argumentación jurídica, hay afirmaciones que son irrazonables, como la referida al peligro de fuga. Según el juez, Fujimori cuenta con todos los arraigos exigidos: el laboral, el familiar, el social… pero concluye que se podrá fugar por la gravedad de la posible pena a imponerle.

Existe un sector social importante que disfruta intensamente que Keiko Fujimori esté presa; lo compruebo a través de las redes y fuera de ellas. Pero es importante no olvidar que la tolerancia es un valor moral y político imprescindible para construir una verdadera sociedad plural sin la cual la democracia será solo una apariencia.

Que las victorias políticas no signifiquen derrotas ni de la justicia ni de la democracia; lo contrario significará que la alegría coyuntural y efímera de unos pocos hoy, será la causa del desconsuelo permanente de todos mañana.
Y es que lo relevante no es si estamos o no de acuerdo con la lucha contra la corrupción porque seguro que todos la rechazamos; de lo que se trata es de decidir cómo la vamos a combatir. Perderemos mucho en institucionalidad democrática, en justicia y cohesión social, si decidimos combatirla sin respetar los derechos humanos de los procesados por corrupción.

Luis Castillo Córdova

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