Amarillos y marrones: te contamos la peor crisis del limón piurano

Amarillos y marrones: te contamos la peor crisis del limón piurano

Cieneguillo es uno de los pueblos más afectados en todo el Perú por la crisis del limón. Este sitio de unas mil familias, ubicado en toda la pista que lleva desde Tambogrande hasta Sullana, es el punto de acopio más importante en la región que, incluso, le llaman “La limonera”. Más de 10 mil hectáreas sembradas, 1.500 productores y menos de 10 empresas dedicadas a este sector.

Lo que antes era un festín interminable de compra y venta de sacos de limón Sutil (Citrus Aurantifolia, 40 días de vida) para todo el país, ahora encontramos un Cieneguillo silencioso, con ventarrones de arena, sin música en los bares y restaurantes, vacío, casi muerto. Apenas colectivos que llevan a Sullana a los vecinos que van de compras o salen de trabajar sus parcelas.

A lo largo de la carretera son contados los tráileres que llegan para recoger lo que queda de la última producción del limón. No llegan ni a la cuarta parte. Antes (en enero o febrero), este punto “limonero” se atiborraba de vehículos de carga, buses de personal, mototaxis o camionetas que transportaban a todos los departamentos este preciado producto. Se cuentan en cientos las personas que hoy no tienen trabajo directo o indirecto: llenadores, saneadores (quien selecciona) de limón, acopiadores, estibadores, traileros, mecánicos, vendedores de comida, intermediarios, minoristas….

“Esto es algo histórico”

¿Cómo nace todo esto? ¿Cómo entenderlo? Viajamos hasta Cieneguillo. Está a menos de dos horas de Piura, capital de la región. Encontramos un pueblo fantasma, sin la fiesta del limón de hace más de medio año. No. Los limones están pudriéndose, chiquitos, débiles, amarillos, marrones, secos, enjutos. Pero así deben venderse, la gente debe comer.

Si el saco de limones costaba entre 50 a 100 soles, dependiendo la calidad, ahora cuesta entre 400 y 500 soles. “Esto es histórico, nunca antes se había visto algo así”, cuenta Martín Vásquez, un productor y negociante de Cieneguillo. Cada bolsa puede contener entre 700 y 800 limones. Si venimos a Piura, en el mercado mayorista está 60 soles el ciento y unos 520 soles el saco.

La causa, según los productos y negociantes, es el efecto de la demasiada humedad, inundaciones o desbordes que provocaron las lluvias de El Niño Costero sobre las plantaciones de este fruto esencial para el cebiche, el pisco sour, las ensaladas, el sudado y cientos de preparaciones más de todos los días.

“Esto (las lluvias) afectó la floración, cuajado y llenado del limón. Además, hay una plaga: ácaros que manchan el limón. Se le conoce como el “huevo de pava”. Y baja la calidad”. Las palabras de Martín Vásquez son las mismas que los demás productores de Cieneguillo.

Ellos están apostados en los espacios, junto al Canal Grande o la carretera, donde hay menos de 10 sacos de limón a medio llenar por local. “La gente está preocupada aquí, no hay trabajo”, dice, minutos después, un mototaxista. Se llama José. Y es verdad, hasta muchas empresas limoneras tiene déficit en el acopio del producto. El negocio se está cayendo, “La limonera” desaparece.

Sin embargo, esto ya era anunciado semanas atrás. El productor y presidente de la Junta de Usuarios de Cieneguillo, David Vásquez, reveló el 26 de julio pasado que la producción ha tenido una caída de 90%. En los primeros meses se acopiaban 750 toneladas diarios en Cieneguillo y hoy llegan a los 75 toneladas. “Es posible que en agosto, setiembre y parte de octubre no haya producción para el mercado nacional debido a que fue afectada por las lluvias en marzo y abril”.

Sin ruta hacia Lima

La ruta del limón piurano hacia todo el país se ha borrado, al menos por el momento. Hay dos rutas usuales.

La primera. El productor cosecha su limón, que es de producción constante; es decir, todas las semanas cosechas tu planta, el limón no tendría por qué acabarse. Como son más de 10 mil hectáreas de limón sembrado, todos confluyen hacia “La limonera”, o sea Cieneguillo. Aquí se encuentran “los reyes del limón”, lo acopiadores más astutos, los vendedores más ágiles, los negociantes responsables de que el limón llegue a todo el Perú en sacos o jabas: Tumbes, Lambayeque, Trujillo, Lima, Tacna, Cajamarca o desde los puertos para el mundo entero. Eso no existe ahora.

La segunda. Los productores venden directamente a los mercados mayoristas desde sus parcelas y reciben algún porcentaje de comisión. Un 10%, por ejemplo.

De acuerdo a cómo va la información, que nosotros ya estamos monitoreando, en las siguientes tres semanas empezaría a cambiar la curva de abastecimiento”, declaró el ministro de Agricultura y Riego, José Manuel Hernández.

Para los productores de Sullana, el ministro está mal informado. Ellos cuentan que, por lo menos, en dos meses se restablecerá la situación en esta parte productiva del valle del río Chira. “Estamos abonando las plantaciones. Hay productores que no han cuidado sus plantas, otros trabajamos con técnicas de agronomía”, dicen.

No obstante, aún hay riesgos. De acuerdo a testimonios de los natos de Cieneguillo, tienen miedo de que, a raíz de esta crisis, la compra del limón colombiano traiga consigo el virus del “Dragón Rojo”: una plaga que seca de modo progresivo el fruto y la planta (la Dirección Regional de Agricultura precisa que se trata de la plaga HLB o conocida como ‘Dragón amarillo’, la cual “sería catastrófica”). 

 

Las soluciones

Desde las oficinas del Ministerio de Agricultura, su jefe, el piurano José Hernández, dijo hace unos días que debemos dejar de comprar el limón. Es más, sostuvo que la elevación del precio se debe a especulación de los vendedores.

Por su parte, los productores siguen abonando sus plantas y están a la espera de que los frutos que sobrevivieron a los efectos de El Niño Costero terminen de cuajar y llenar. Visitamos varias parcelas y lo que encontramos fue lo siguiente: todas las plantaciones tenían sus frutos débiles y pequeños aún, algunos en plena floración. A esperar hasta Octubre.

De regreso a Piura, Cieneguillo se quedaba con algunos traileros regateando precios en locales donde se suele comprar limón. Las jabas están vacías, los productores y sus familias están sentados en las poltronas de sus viviendas, recibiendo los ventarrones de polvo. Otros beben cerveza, agazapados, indecisos, contrariados, porque solo queda esperar.

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