La justicia por la propia mano

La justicia por la propia mano

La impotencia o disconformidad con el modo cómo se administra la justicia oficial, provocan en algunos las ganas de hacerse justicia con la propia mano.

La precariedad legal, el sistema frágil de justicia, el sesgo en las investigaciones, la corrupción que pone a la venta la libertad, la cárcel o el parte policial son caldo de cultivo de todo esto que, a su vez, se agrava con presidentes corruptos, parlamentos donde el criterio no es la verdad ni la justicia sino, la prepotencia de mayorías manipuladas por agendas partidarias.

Estas mayorías se convierten en encubridoras de corruptos y perseguidores implacables de los adversarios políticos; escenario donde ni siquiera vale aquello de “a mis amigos, todo y a mis enemigos, la ley”.

De alguna manera todos alentamos este clima de “justicia informal” y patear el tablero. Los ronderos surgen por la inoperancia de la seguridad ciudadana; los tantos casos de corrupción policial acrecientan la desconfianza en esa institución cuya divisa ya no parece ser el honor.

Los “escuadrones de la muerte” surgen por esa sensación de frustración que produce la desarticulación legal y operativa entre Policía, Fiscalía y Poder Judicial; también la errada concepción del periodismo de investigación sensacionalista o digitado por los propietarios de los medios que manchan honras y apellidos con titulares basados en sospechas, dificultan investigaciones y ejercen presión en fiscales y jueces; actualmente, están las huelgas, marchas, bloqueos que en sus reclamos al Estado lesionan el derecho a los servicios públicos y ejercen presión chantajista al Gobierno y crean confusión en la opinión pública; el trabajador, que sistemáticamente roba tratando de compensarse por el maltrato económico de sus empleadores, y, finalmente, también las redes sociales usadas para la venganza, el chantaje o simplemente para desfogar broncas domésticas.
“Todos a una”, se lee en “Fuenteovejuna”; entonces, que cada quién asuma su culpa y rectifique. Cambiemos de actitud y trabajemos para lograr un Perú más justo y reconciliado, como nos pidió en 1985 san Juan Pablo II.


Escrito por: Miguel Medina Pacherre
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Miguel Medina Pacherre

Miguel Medina Pacherre

Sacerdote. Párroco de Nuestra Señora de Guadalupe.