El Real Madrid rompe el embrujo del Athletic en San Mamés y es más puntero que nunca

El Real Madrid rompe el embrujo del Athletic en San Mamés y es más puntero que nunca

Al Real Madrid no le hizo falta esta vez el salvavidas de Sergio Ramos. Tenía descanso, o más concretamente, trabajo extra con Aduriz, Raúl García y las incursiones de Williams. Le relevó al mando un lugarteniente más silencioso dando órdenes en el área contraria que llegó en el momento justo. El Madrid funciona de atrás hacia adelante, todo lo contrario de lo que sugiere su agenda deportiva. El Athletic resistió e insistió. Fue el Athletic, con sus carencias y su Williams, el artilugio que salta las vallas del contrario con piernas de gacela. Y ganó el Madrid, que pudo perder y empatar. Pero ganó con calma, quizás con demasiada calma. La que le produce un centro del campo gastado y una BBC lacónica.

Al Athletic le fallaban los costados. Y ya se sabe que al Athletic le gusta atacar de lado. Williams no encontraba su velocidad de crucero (lo hizo tras el descanso) y De Marcos era un ayudante demasiado lánguido para acelerarle las piernas y el corazón. Por la izquierda, Lekue tenía el atrevimiento que a Balenziaga le faltaba para atravesar las líneas enemigas. Y en ese ir y venir del partido el Madrid fue juntando efectivos, adelantando a Modric (que no se acerca a lo que es), afinando Kroos que ejerce de futbolista silencioso y amparándose en Casemiro, guerrero e ingeniero al mismo tiempo, dispuesto a todas las batallas, cayendo en algunos cebos, esquivando otros, jugando al límite del reglamento, como acostumbra. Aún no se sabía que el partido estaba en sus pies. Que esta vez seria él y no Ramos quien resolviera el crucigrama de una forma demasiado sencilla.

Benzema marca ante Laporte el primer gol del Madrid en San Mamés.
Benzema marca ante Laporte el primer gol del Madrid en San Mamés. EFE

Porque antes el Athletic empató el partido, en la segunda mitad. No fue un asunto casual. Williams crece a la misma medida que los minutos. El cansancio de los demás es su alimento. Y de pronto emergió como acostumbra en las segundas partes, convirtiendo el partido en un infierno para Marcelo y compañía, para todo aquel que utilizase su banda para defender o atacar. Cuando la velocidad le funciona, hasta el regate le anima. Y fue una, y otra, y otra vez las que desbordó por su costado hasta que llegó el centro que cabeceó Raúl García para que Aduriz lo cabecease a su veza la red a diez centímetros de la línea de gol.

La BBC había funcionado con un informativo mínimo, el del gol de Benzema, apenas un flash de su actualidad tan intermitente. Y a cambio el Athletic había encontrado al mejor Williams, el mejor pie de Beñat (oscurecido en la primera mitad), el Aduriz más activo. Pero hay cosas que por más que se ensayen no funcionan. En toda la primera mitad el Athletic, bajo el síndrome de Ramos, solo concedió un córner. Y lo remató Sergio Ramos, solo, con dificultad, pero solo. Quizás pensó el Athletic que era demasiado pronto para el que el talismán del Madrid enseñase su anillo de oro. En la segunda mutad, tras el gol, abundó más esa jugada. Y resulta que en un saque de esquina, Cristiano peinó hacia atrás y Casemiro remató, solo, sí, solo, a placer ante el desesperado Kepa. Quizás todo sea previsible, pero nada es evitable. Todo eran circunstancias, acciones aisladas en un partido tenso, como correspondía a su historia y a su trascendencia. Partido de corriente alterna, con algunos chisporroteos, cortocircuitos y energías que trasladaban el calor y el frío de un lado a otro bajo el sol liviano de Bilbao.

Fue un clásico y lo ganó un futbolista poco clásico, Casemiro. El gol adelantó una posición en el organigrama del Madrid: del central (Ramos) al medio centro. La BBC sigue con la carta de ajuste.

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