Editorial: Todos saben para quién trabajan

Editorial: Todos saben para quién trabajan

No podemos sorprendernos demasiado con lo ocurrido a pocas horas de la Nochebuena. El indulto a Alberto Fujimori era un hecho que más de un analista y ciudadano advertido preveía.

No obstante, ello no impide que las consecuencias sean preocupantes. En primer lugar, el indulto implica un reordenamiento de fuerzas políticas que di ere en mucho del panorama que se había dibujado tras el debate de la vacancia presidencial. La izquierda de Nuevo País marcará una distancia “ética” e ideológica del mandatario, a pesar de la cercanía creada entre ambos tan solo unas horas antes. La propia bancada oficialista ya experimenta la crisis de redefinición y algunos de sus miembros han preferido desembarcarse de un proyecto político que, a estas alturas, no es tan claro ni preciso como hace dos años.

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Sin embargo, el partido de Gobierno ha logrado un nuevo aliado: el sector disidente de Fuerza Popular liderado por Kenji. Es bastante probable que la arriesgada jugada de Kuczynski haya servido para seguir desmoronando la ya cuestionable unidad del fujimorismo en su vertiente “keikista”. ¿El presidente ha sacrificado algo? Sí, ha sacrificado su posición política, el contenido de su plan de cara al Bicentenario e, incluso, la posibilidad de que PPK pueda constituirse una fuerza política relevante en las próximas elecciones.

A cambio, ganará estabilidad para gobernar sin la presión de enfrentar solo a la oposición furibunda que pretendió hasta sacarlo del poder. La lucha de PPK, en adelante, la asumirá Kenji Fujimori, quien podría aprovechar su potente protagonismo para hacerse presidenciable. Todos saben muy bien para quién trabajan.

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