Editorial: Odebrecht nos sacó la venda de los ojos

Editorial: Odebrecht nos sacó la venda de los ojos

La revelación de IDL-Reporteros ha puesto contra las cuerdas a la clase política, no necesariamente por los presuntos delitos cometidos, sino por la poca honestidad con que los representantes de la élite política y gobernantes se han comportado frente a las razonables dudas de la ciudadanía.

Las amenazas de Keiko Fujimori a la prensa, la terca negativa de Alan García a identificarse con las siglas “AG” y el sospechoso silencio del mandatario Kuczynski, disfrazado de elegancia política y defensa de la investidura presidencial, entre otros casos, han quedado para la historia nacional como ejemplos de la vieja consigna maquiavélica: mientras la verdad no sea conocida ni publicada, es conveniente fabricar versiones que permitan ganar tiempo.

Para los líderes de los partidos fuertes del país, negar lo que parecía un secreto a voces no era más que una táctica, una postura elaborada para que la confianza ciudadana no decaiga, para que la población siga confiando en quienes, probablemente -y esto lo dirá la justicia posteriormente-, se han dedicado a esquilmar las reservas materiales y morales de nuestra inmadura e institucionalmente débil república.

¡Cuánta pena provoca enterarnos por el periodismo, que la política en el país sigue siendo un modus operandi, una estratagema, y no una actividad noble destinada a sacudir consciencias y convocar voluntades en pro del desarrollo y la felicidad del mayor número; una actividad de vuelo rasante -o paso gallináceo- en vez de una ambición histórica!
Este caso debe ser en nuestra historia un punto de quiebre, la justificación para querer ser un mejor país.

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