Editorial: Negar la ética es una empresa vana

Editorial: Negar la ética es una empresa vana

Durante décadas se nos ha vendido la idea de que los negocios pueden funcionar al margen de la ética; en todo caso, que la actividad comercial es capaz de dar a luz su propio código de conducta que no necesariamente tiene que ver con lo que el común entiende como bueno y malo.

La imagen de cuatro empresarios llevados detenidos al penal Ancón II desmiente categóricamente todo intento de crearse una moral al margen de la sociedad.

El caso Odebrecht ha devuelto a tierra tanto a la ciudadanía común como a aquellos individuos que, desde sus posiciones estratégicas y decisivas de los destinos nacionales, se sentían bastante lejos del brazo de la justicia, creyendo que su sola situación privilegiada les daba luz roja para poder enriquecerse con el pretexto de ser eficientes.

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¿Olvidaron, acaso, que la sociedad es posible porque existen códigos consensuados, formas de convivencia que obligan a todos a actuar de tal o cual manera, así como exigen la persecución y criminalización de cualquier atentado al orden social?

En nuestro país hubo un serio intento de poner de cabeza a las instituciones e instaurar la dictadura férrea del dinero y la racionalidad utilitaria del cobre, disfrazando cada paso criminal como política, contratos y otros términos de aparente inocuidad pero que, en el fondo, ocultaban los objetivos más oscuros de la década: demostrar que cada uno de nosotros tiene un precio, que nacemos con una etiqueta bajo el brazo, que somos susceptibles de ser comprados y que cualquier suposición de tipo moral puede ser acallada por el sonido de las monedas brasileñas, peruanas, etc.

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