Editorial: Debemos seguir trabajando

Editorial: Debemos seguir trabajando

Aunque la tasa de acoso sexual en las escuelas bajó de 70 a 17% en un año, es conveniente analizar hasta qué punto la caída de la incidencia se debe a una lucha exitosa contra los abusadores disfrazados de profesores, o a una pobre concurrencia de denunciantes que desconfían de la eficacia de los órganos de control.

Nuestros tiempos son cada vez más violentos, y las escuelas no son inmunes al avance de este problema social. El acoso y el abuso sexual, que han estado en las aulas desde hace muchísimos años, han mostrado mayor frecuencia y peores efectos en la juventud en los últimos años. Nuestras autoridades, enfrentando muchísimas carencias, han intentado darle cara a este mal, pero aún no es suficiente.

Es preciso recuperar la confianza de los estudiantes y padres de familia en el sistema educativo, así como en los estamentos de justicia y control. Es preciso, para ello, que tales estamentos muestren mayor efectividad y que estos delitos que afectan a una de las poblaciones más vulnerables del país puedan ser frenados.

Por delante queda un gran trabajo preventivo que debe ser apoyado por todas las instituciones competentes e integrando a los padres de familia como aliados cruciales. Muchos de los delincuentes sexuales, haciendo mal uso de su influencia como profesores, directores, etc., aprovechan los climas de desorganización y ruptura que se viven en muchos hogares piuranos para introducir sus malas influencias y llevar a cabo sus fechorías.

Debe ser una prioridad de la región conducir esfuerzos para fortalecer a la familia como institución madre de la sociedad.

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