Don Alejo, mi querido viejo

Don Alejo, mi querido viejo

Quiero brindar un homenaje a todos los padres del mundo a través de una persona concreta, don Alejandro, mi querido viejo, padre excelente, amante fiel de su esposa y educador celoso sus hijos, frutos de sus desvelos, esfuerzo y fatigas nacidas del amor de su corazón y algunas veces expresado, gracias a Dios, también con el hígado y el látigo.

¿Qué puedo decirte hoy que ya no lo sepas? Decirte que te queremos resulta redundante pues tú sabes muy bien lo que sentimos por ti y por nuestra madre; decirte que eres el mejor de los padres parece vanidoso e injusto porque hay muchos padres buenos y porque para los hijos su padre es siempre el mejor del mundo; buscamos que los hijos aprecien lo valioso de sus padres; ellos, aunque no lo digan, necesitan nuestro cariño y gratitud.

Hombre íntegro de ideas claras y definidas, terco en el bien e intransigente con el mal; no anduviste por las ramas o en respetos humanos si se trataba de la honradez, verdad, orden, justicia o el deber; celoso defensor del honorabilidad del apellido y de la familia. Hombre de grandeza humana y cristiana, cómo nos enseñaste de modo firme a amar a Dios e ir a la santa misa sí o sí; sabías muy bien que Dios era lo mejor para tu familia y por eso tu fe enorme en Él; ese gran amor y ternura que hasta el último día de tus 96 años seguiste expresando por nuestra madre, tu querida esposa de toda la vida ya en la gloria; 96 años y 70 de matrimonio que no envejecieron ni amargaron tu corazón, sino que por el contrario, más cariñoso, más tierno, más padre, excelente abuelo y chocho bisabuelo, mejor compañero, amante y fiel lazarillo de tu querida esposa invidente. Cómo no decirle al mundo que se nos hincha el corazón y nos llenábamos de emoción, alegría y ternura viendo tus caricias y detalles de amor y de paciencia para con nuestra madre; cómo no contar que, a pesar de que nada te lo impedía, te privaste de comer potajes sólo por acompañar en la dieta a tu querida esposa ¿Cómo callar todo eso? ¿Cómo entender que muchos hijos no valoren a sus padres? Goza de Dios, papá.


Escrito por: Miguel Medina Pacherre
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Miguel Medina Pacherre

Miguel Medina Pacherre

Sacerdote. Párroco de Nuestra Señora de Guadalupe.