“Si Dios no provee de su mano…”

“Si Dios no provee de su mano…”

Era el año 1531, México se debatía en una situación crítica: catástrofes naturales, esclavitud, autoritarismo invasivo a todo nivel; irreverencia y persecución religiosa; sacrificios de miles de niños a una divinidad cósmica ávida de sangre humana, una sanguijuela amenazante de la existencia humana; apocalipsis, temor, desesperación, caos general; tanto así que el obispo Zumárraga exclamó: “Si Dios no provee remedio de su mano, está la tierra al punto de perderse totalmente…”. La respuesta de Dios vino del 9 al 12 de diciembre de 1531 en el cerro del Tepeyac; una morenita, Santa María de Guadalupe se aparece a Juan Diego con un regalo: el amor persona, su hijo Jesucristo; y con un pedido: “Hagan aquí, en el llano de este cerro, una casita sagrada”; y un reto: hagan espacio al verdadero Dios en sus vidas, en sus corazones, en sus tierras; y Dios transformó en un vergel ese cerro negro, agreste, descolorido y árido.

Hermanos piuranos, autoridades, políticos, técnicos, empresarios, entidades financieras, ¿hasta cuándo seremos espectadores pasivos de la mayor catástrofe de Piura, ineptitud, corrupción, complicidad e indiferencia? ¿Hasta cuándo dejaremos que las sanguijuelas comercien con la tragedia? ¿Hasta cuándo dejaremos de ver sólo por nuestros intereses mezquinos? ¿Cuándo darán espacio a Dios? La técnica y la ética no bastan ni se sostienen por si solas, necesitan un fundamento firme y sólido y ese es Dios, sin ÉL sólo se van a reconstruir las finanzas de los mercaderes de la mediocridad y de la muerte; sin ÉL sólo se reconstruirán las arcas de los partidos políticos. “Sin mi nada podéis hacer”, dijo el Hombre de Nazaret: “Si Dios no provee remedio de su mano, está la tierra –piurana– a punto de perderse (venderse al ladrón más taimado)”.

Seamos “astutos como la serpiente”, más listos que “los hijos de las tinieblas”. Ya es hora de iniciar una cruzada nacional, regional y cazar a las aves de rapiña y a quienes las engordan; que Dios nos dé luces y valentía para denunciar la mañosería de las licitaciones y expulsar a los ineptos de los trabajos de la Reconstrucción. Amén. 


Escrito por: Miguel Medina Pacherre
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Miguel Medina Pacherre

Miguel Medina Pacherre

Sacerdote. Párroco de Nuestra Señora de Guadalupe.