Celebrando San Valentín

Joaquín Schwalb Helguero

Cambio de enfoque

Por Joaquín Schwalb Helguero
Celebrando San Valentín

Desde que tengo uso de razón se denomina “Día de los Enamorados” y siempre me pareció adecuado. Durante la Edad Media en Francia e Inglaterra, el día festivo empezó a asociarse con el amor a raíz de la historia de San Valentín, quien habría sido ejecutado un 14 de febrero al no querer renunciar al cristianismo.

Otra leyenda dice que es patrono de los enamorados porque su fiesta coincide con el momento del año en que los pájaros empiezan a emparejarse.

Al convertirlo hace unos años en “El Día de la Amistad” se ha tergiversado su origen histórico y su significado, habiéndose colectivizado con fines claramente comerciales.

La conmemoración tenía su propia mística y su propio encanto, pues celebraba el amor entre parejas en una bonita analogía a la leyenda del emparejamiento de las aves. Cuando se extirpa el contenido de exclusividad a un evento se le masifica y vulgariza. Los dueños de la fiesta (los enamorados) han sido puestos de lado inconsultamente en aras al festín comercial, como ocurre en Halloween y en Navidad.

El concepto de “amor” es demasiado rico y demasiado noble para que sea maltratado mezclándolo con sentimientos subordinados. Si bien la amistad es encomiable, la hay de todo género, desde tus “patas”, tus “compinches”, tus colegas, tus amigos íntimos y tus propios parientes, donde hay verdaderos amigos y algunas veces serias enemistades.

El amor entre parejas como tal está provisto de una magia incomprensible por la razón y que solo puede entenderse si se ve con los ojos del alma. No tiene paralelo con ningún género de amistad. Es un sentimiento exclusivo, bi-personal, reservado, generalmente efímero y de corta duración.

Por su parte, la amistad puede ser más prolongada y no necesita el fuego del amor para mantenerse. Florece desde la infancia y ocurre a menudo que dos viejos amigos se reencuentran luego de muchos años y la amistad reverdece.

El amor es misterioso y frágil como una flor. La amistad se va construyendo y puede ser fuerte como un muro.


Escrito por: Joaquín Schwalb Helguero
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Joaquín Schwalb Helguero

Joaquín Schwalb Helguero

Colaborador de El Tiempo.