Casi 10 mil casos y no aprendemos la lección

Causa indignación que ciertas personas hayan convertido el Día del Padre, que debió ser una fiesta en todo sentido, en una ocasión para invocar al mayor de los peligros de esta zona del país: el dengue.

Resulta inaudito que, pese a las múltiples campañas de información y fumigación, muchos no hayan comprendido el mensaje: que la lucha contra el dengue -y ahora también la chikungunya- solo se ganará si unimos esfuerzos y prevenimos para que la enfermedad no se expanda. No obstante esta invocación, fueron cientos los piuranos quienes acudieron a los cementerios de la provincia y de la región, llevando consigo flores y colocándolas en frascos con agua, pese a que esto último está prohibido. Cuando las cifras de muertos (18) e infectados (9.942) supera largamente las registradas en años anteriores, dejar un florero con agua al aire libre es, sencillamente, un acto criminal.

Precisamente, como todo acto de dicha naturaleza, pensamos que las sanciones deben ser más drásticas, por constituir atentados contra la salud pública cometidos de manera flagrante, con conocimiento de causa, y a la vista de todos. ¿De qué otra forma es posible hacer retroceder a quienes pasan por alto las recomendaciones sanitarias, si no penalizando y criminalizando la necedad?

Sin embargo, más allá de esta responsabilidad inmediata, también hay que señalar que El Tiempo ha constatado que en los camposantos San Miguel Arcángel, San Teodro y el de cementerio de Castilla, Nuestra Sra. del Carmen, nadie controla a los visitantes, pese a que se prometió empeñar esfuerzos para evitar cualquier inconducta que resulte socialmente mortal. Así pues, no sorprende que ciertas instituciones y locales privados no hayan abierto sus puertas a los fumigadores el último jueves.

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