A media tinta

A media tinta

Se dice que algo o alguien está “a media tinta” cuando no asume una posición concreta o definitiva. La frase parece derivar de cuando los escritos eran elaborados con tinta de mala calidad, con poca tinta o con tinta que con el paso del tiempo se borroneaba. En otras palabras, es indicativo de que las cosas no están claras.

Hay quienes afirman que no somos un pueblo optimista, que nos asustan los retos y que por naturaleza somos más bien conformistas. Que nos asustan las amenazas y que por consiguiente nos gusta exagerar y dramatizar. Que somos quejosos y afectos al lamento. Según este argumento, si hiciéramos una encuesta la gran mayoría de peruanos vería que el vaso está medio vacío.

En su última nota publicada en Somos, “Medio lleno, medio vacío”, el psicólogo y catedrático Julio Hevia señala: “Para las encuestas interesadas en sondear la alegría del ciudadano en el mundo, el peruano ocupa los últimos escalones”.

En nuestro lenguaje diario abundan las figuras sobre la ambigüedad, tales como “ni chicha ni limonada”, “a media caña” o “ni fu ni fa”. Acompañando el caos moral, abundan diagnósticos lapidarios como “tenemos el gobierno que nos merecemos”.

En el plano de lo coloquial, ante la clásica pregunta “¿qué tal?”, nos responden con frecuencia con un apocado “así nomás” y ante el insípido “¿cómo estás?” recibimos por respuesta un lamentable “más o menos”.

Entre los más jóvenes, la expresión “ya fue” denota desapego hacia cualquier ancla en puerto seguro y una ausencia total de romanticismo o de aspiraciones de orden superior a lo meramente material. Expresiones frecuentes en los adultos mayores son “todo tiempo pasado fue mejor” o “hay que irse del país, hijita”.

Este pesimismo es preocupante, pues en el ámbito colectivo no parece que haya posibilidades de dar mejores respuestas o por lo menos más esperanzadoras. Estas expresiones solo corroboran que el rumbo moral que ha tomado el país no nos está conduciendo a nada bueno. Parecería que así como vamos no llegaremos muy bien parados ni siquiera al bicentenario. El país no parece estar muy dispuesto a enfrentar el reto del futuro con la necesaria decisión. Algo hay que hacer.


Escrito por: Joaquín Schwalb Helguero
COMPARTIR     Twittear Compartir

Joaquín Schwalb Helguero

Joaquín Schwalb Helguero

Colaborador de El Tiempo.